Historia de Namibia

La historia de Namibia es como la de cualquier país africano: comenzó con los pueblos antiguos que dejaron su legado en petroglifos sobre las rocas de montes remotos, para entrar luego en el mundo moderno de la mano de la represión colonial y la inevitable guerra de independencia. Pero esto no lo resume todo. Namibia ha superado sus años turbulentos para renacer como un país seguro de sí mismo y con un futuro más brillante que su pasado.

El comienzo

La historia de Namibia se remonta a la noche de los tiempos, una pieza del rompecabezas que habla de la evolución de los primeros seres humanos. Asentamientos y herramientas de piedra del Homo erectus se han encontrado dispersas por toda la región. Un yacimiento arqueológico del desierto del Namib evidencia que hace 750 000 años estos primeros hombres que caminaban erguidos cazaban a los antepasados de los elefantes con hachas de piedra.

A mediados de la Edad de Piedra, que duró hasta hace 20 000 años, los boskop, supuestos ancestros de los san, se habían organizado como sociedad cazadora recolectora. Conocían el fuego, sus herramientas (hechas de piedra, madera y hueso) eran ya más sofisticadas y usaban pigmentos naturales para el ornato personal. Desde el 8000 a.C. (a fines de la Edad de Piedra), comenzaron a producir cerámica y a ocupar abrigos rocosos y cuevas como las del Twyfelfontein y Brandberg, o las de las colinas Tsodilo, en la vecina Botsuana.

El poblamiento de Namibia

La conexión arqueológica entre los grupos humanos de la Edad de Piedra tardía y la llegada de los joisán no está clara, pero en general se acepta que los primeros habitantes documentados de del sur de África fueron los san, un pueblo nómada organizado en grandes grupos familiares que fue capaz de adaptarse a un terreno difícil.

Al comienzo de la Edad de Hierro, hace unos 2300 o 2400 años, aparecen rudimentarias técnicas agrícolas en los altiplanos del sur y centro de África. Sin embargo, es todavía una incógnita si los primeros en cultivar la tierra fueron unos joisán ya sedentarios o bien migrantes del oriente y centro de África. En todo caso, con el correr de los siglos, se sucedieron las oleadas de pueblos de lengua bantú procedentes del norte.

Los primeros agricultores de origen bantú que trabajaron el hierro pertenecieron a la cultura gokomere. Ocuparon la sabana templada y las frescas mesetas del sureste de Zimbabue y fueron los pobladores de la Gran Zimbabue. La cría de ganado fue su principal forma de subsistencia. Mientras, los primeros grupos san de cazadores recolectores se replegaban hacia el oeste o eran esclavizados y/o absorbidos.

Al mismo tiempo, las comunidades san también sufrían la presión de los khoikhoi (ancestros de los nama), que probablemente entraron en sus tierras procedentes del sur. Este grupo se organizaba en estructuras vagamente tribales y dependía enteramente del ganado. Fueron desplazando a los san para convertirse en el grupo dominante de la región hacia el 1500.

Durante el s. XVI los herero entraron en Namibia desde el valle del Zambeze y se asentaron en el norte y oeste del país. No tardaron en luchar contra los khoikhoi por los mejores pastos y las fuentes de agua. Gracias a su mayor número y fuerza, acabaron por dominar al resto de los grupos namibios. A fines del s. XIX un nuevo grupo bantú, los owambo, se estableció en el norte, a lo largo de los ríos Okavango y Kunene.

Incursiones y exploraciones europeas

En 1486 el capitán portugués Diego Cão navegó al sur hasta arribar a cabo Cross, donde levantó una cruz de piedra como tributo a su monarca, João II. Al año siguiente, otra cruz fue erigida por Bartolomeu Dias en la actual Lüderitz. Pero habría que esperar al s. XVII para que los navegantes holandeses de las colonias del Cabo comenzaran a explorar el litoral desierto, aunque sin fundar población alguna.

Los crecientes intereses territoriales y económicos de Europa no tardarían en empujar a los exploradores al interior y, en 1750, el cazador de elefantes holandés Jacobus Coetsee se convertiría en el primer europeo en cruzar el río Orange. Siguieron su estela una serie de comerciantes, cazadores y misioneros, y para los albores del s. XIX había misiones en Bethanie, Windhoek, Rehoboth, Keetmanshoop y varios lugares más. En 1844 la Sociedad de las Misiones del Rhin, religiosos alemanes bajo la dirección del Dr. Hugo Hahn, comenzaron trabajando con los herero. Más éxito tuvieron los luteranos finlandeses, que llegaron al norte y establecieron misiones entre los owambo en 1870.

Hacia 1843 comenzaron a atraer la atención los depósitos de guano (excremento de las aves marinas usado como fertilizante y para fabricar pólvora) al sur del desierto del Namib. En 1867 las islas de guano fueron presa de la codicia de los británicos, quienes procedieron seguidamente a anexionarse Walvis Bay en 1878, fomentando en beneficio propio las guerras entre herero y joisán.

La disputa por África

Alemania, bajo el gobierno del canciller Otto von Bismarck, entró tardíamente en la competencia europea por los territorios del continente africano. Bismarck siempre estuvo en contra de las colonias, a las que consideraba un capricho caro: “Mi mapa de África está aquí, en Europa”, solía decir. Pero las aventuras de un comerciante de Bremen, llamado Adolf Lüderitz, le empujarían más lejos de lo que hubiera imaginado.

Después de establecer en 1881 un puesto comercial en Lagos, Nigeria, Lüderitz convenció al jefe nama Joseph Fredericks para que le vendiera Angra Pequeña. Esta sería la base que le permitiría comerciar con guano, si contaba con la protección solicitada al canciller. Bismarck, tratando aún de mantenerse al margen de África, consultó primero el parecer de los británicos de Walvis Bay, sin obtener respuesta. En consecuencia, el nuevo asentamiento bautizado como Lüderitz fue declarado oficialmente parte del Imperio alemán en 1884.

Al comienzo, el interés de Bismarck fue mínimo y de 1885 a 1990 la administración imperial estuvo reducida a tres funcionarios públicos, cuyas necesidades cubrían una compañía colonial y los barcos de la British East India Company. Pero tan pequeño aparato era incapaz de mantener la ley y el orden.

Los renovados conflictos entre los nama y los herero en la década de 1880, motivaron al Gobierno alemán a despachar a Curt von François junto con 23 soldados. Su misión sería controlar la venta de armas que los británicos realizaban a los pueblos autóctonos desde Walvis Bay. Este inocente pelotón destinado a proteger la paz, fue transformándose poco a poco en el poderoso Schutztruppe (ejército imperial alemán), que pronto comenzó a construir fuertes por todo el país para combatir una oposición creciente.

Había nacido el África del Sudoeste Alemana, un protectorado de pleno derecho. Los primeros granjeros llegaron en 1892 para tomar posesión de la tierra expropiada en el altiplano central, seguidos prontamente por mercaderes y otros colonos. A fines de la década de 1890, los alemanes, los portugueses de Angola y los británicos de Bechuanalandia (la actual Botsuana), se reunieron para acordar los límites de Namibia.

Cosechando tempestades

Mientras tanto, en el sur, un trabajador sudafricano llamado Zacharias Lewala, descubrió diamantes en Grasplatz, al este de Lüderitz. Pese a la valoración del gigante minero De Beers, que afirmó que muy posiblemente el yacimiento no era de importancia, bandadas de prospectores llegaron en busca de fortuna. En 1910 las autoridades germanas otorgaron derechos exclusivos a la Deutsche Diamanten Gesellschaft, la Compañía Alemana de Diamantes.

Todos los subsiguientes daños ocasionados a la población autóctona fueron en vano, pues Alemania nunca se beneficiaría de las riquezas descubiertas. El comienzo de la I Guerra Mundial en 1914 marcaría la pérdida de su dominio colonial en África. Para entonces las estructuras tribales de los herero habían sido casi destruidas y sus tierras y las de los khoikhoi, ocupadas. Inicialmente los owambo, al norte, fueron más afortunados, pero pronto sufrirían la presencia de las tropas portuguesas que luchaban en el bando aliado durante la Gran Guerra.

Desde el comienzo de las hostilidades, Inglaterra había presionado a Sudáfrica para que invadiese Namibia. Con absoluta superioridad numérica, los sudafricanos, bajo el mando del primer ministro Louis Botha y el general Jan Smuts, comenzaron su campaña hacia el norte, forzando la retirada del Schutztruppe. En mayo de 1915 tuvo lugar la última derrota alemana en Khorab, cerca de Tsumeb y, una semana después se estableció en Windhoek la administración sudafricana.

Para 1920 las granjas alemanas habían sido vendidas a colonos que hablaban afrikáans, y las minas del sur pasaron a ser propiedad de la Consolidated Diamond Mines (CDM), que al pasar de los años se convertiría en la Namdeb Diamond Corporation Limited, Namdeb.

Ocupación sudafricana

Con el Tratado de Versalles (1919) Alemania era obligada a renunciar a sus pretensiones coloniales. En 1920 la Sociedad de Naciones otorgó a Sudáfrica un mandato oficial para administrar Namibia como parte de la Unión Sudafricana.

Aunque el mandato fue renovado por la ONU al término de la II Guerra Mundial, Sudáfrica decidió anexarse África del Sudoeste y convertirla en una provincia propia. Para ello incumplió los términos del mandato e hizo enmiendas a la Constitución. La Corte Internacional de Justicia determinó que Sudáfrica había sobrepasado los límites establecidos y la ONU creó un comité en África del Sudoeste que hiciera respetar los términos originales. En 1956 la ONU decidió poner fin al control sudafricano.

Determinado a conseguir sus objetivos, el Gobierno sudafricano incrementó su control sobre el territorio y en 1949 concedió a la población blanca representación parlamentaria en Pretoria. Las mejores tierras cultivables fueron parceladas, creándose 6000 granjas para los colonos blancos. Mientras, la población nativa fue relegada a los “territorios tribales” demarcados para la ocasión. Oficialmente se pretendía “canalizar el desarrollo económico hacia áreas rurales pobres”, pero no había otra intención que la de conservar la mayor y mejor parte del territorio para los blancos.

Como resultado, empezaron a distinguirse claramente dos zonas: la central y la meridional, destinada a los ranchos de los blancos, y la septentrional, más pobre, pero generosa en recursos acuíferos. Esta distribución se mantuvo hasta la independencia de Namibia en 1990 y, en cierta medida, continúa en la actualidad.

Swapo

En la década de 1950 Sudáfrica se negó a ceder el control del territorio encomendado, a pesar de la presión ejercida por la ONU. Los principales motivos para esta intransigencia eran el temor de tener otro Gobierno antagónico más como vecino y la pérdida de los beneficios obtenidos por la minería.

El trabajo forzado había sido el destino de los namibios desde la ocupación alemana y fue también uno de los detonantes de las manifestaciones en masa y del sentimiento nacionalista a finales de la década de 1950. Entre los partidos políticos se encontraba el Owamboland People’s Congress, fundado en Ciudad del Cabo bajo el liderazgo de Samuel Daniel Shafiishuna Nujoma y Herman Andimba Toivo ya Toivo.

En 1959 el nombre cambió a Owamboland People’s Organisation, y Nujoma se hizo cargo de presentar a la ONU en Nueva York el problema de la ocupación sudafricana. Para 1960 el partido había ganado un apoyo considerable y acabó fusionándose para formar la South-West African People’s Organisation (Swapo), con oficina central en Dar es Salaam, Tanzania.

En 1966 la Swapo llevo el problema de la ocupación a la Corte Internacional de Justicia. La corte defendió el derecho de Sudáfrica a gobernar África del Sudoeste, pero la asamblea general de la ONU votó a favor de acabar con el mandato y sustituirlo por un consejo bautizado en 1973 como Comisión para Namibia que se encargaría de administrar el territorio.

El 26 de agosto de 1966, hoy conocido como Día de los Héroes, la Swapo inició acciones guerrilleras en Ongulumbashe, al norte de Namibia. Al año siguiente, uno de sus fundadores, Toivo ya Toivo, fue acusado de terrorismo y llevado a una cárcel sudafricana, donde permanecería hasta 1984. Nujoma, sin embargo, permaneció en Tanzania, evitando la persecución. En 1972 la ONU finalmente declaró ilegal la ocupación sudafricana y pidió su retirada, proclamando al Swapo representante legal del pueblo de Namibia.

En 1975 Angola ganó su independencia con el Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), apoyado por Cuba. El nuevo Gobierno, simpatizante de la lucha del Swapo en el país vecino, le ofreció al sur de su territorio una base segura desde donde mantener actividad guerrillera contra el ejército de ocupación.

Sudáfrica respondió invadiendo Angola como apoyo al partido en la oposición, la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (Unita), acto que provocó el envío de soldados cubanos para respaldar al MPLA. En consecuencia, la invasión sudafricana fue rechazada y en 1976 retiró su ejército de Angola, aunque las incursiones punitivas desde este país se continuaron hasta bien entrada la década de 1980. 

Finalmente, no fueron únicamente las acciones del Swapo o las sanciones internacionales las que forzaron a los sudafricanos a sentarse en la mesa de negociación. Todos los actores estaban ya cansados de la guerra y la economía sudafricana se hallaba muy resentida. Hacia 1985 el mantenimiento del conflicto costaba anualmente 480 millones de rand (unos 250 millones de dólares) y el reclutamiento de soldados era muy alto. La exportación de minerales, que había llegado a representar el 88% del producto interno bruto, se había desmoronado al 27% en 1984.

Independencia

En diciembre de 1988 se alcanzó un acuerdo entre Cuba, Angola, Sudáfrica y la Swapo que permitió la salida de los soldados cubanos en Angola y de los sudafricanos en Namibia. También se estipuló que la transición a la independencia comenzaría formalmente el 1 de abril de 1989 y se seguiría en noviembre del mismo año con elecciones basadas en el sufragio universal y vigiladas por la ONU. Aunque varios ajustes de cuentas menores y el nerviosismo entre algunas tropas de la Swapo amenazaron con descarrilar el proceso, el plan continuó y, en septiembre, Sam Nujoma regresó de un exilio de 30 años. En las elecciones la Swapo consiguió dos tercios de los votos, cantidad insuficiente para que el partido redactara solo la nueva Constitución. El resultado fue oportuno para tranquilizar el temor de que los grupos minoritarios quedasen excluidos del proceso democrático.

Las negociaciones entre la Asamblea Constituyente (que poco después se convertiría en la Asamblea Nacional) y consejeros internacionales, incluyendo Alemania, la antigua URSS, Francia y EE UU, sacaron adelante el borrador. La nueva Constitución establecía un sistema multipartidista y se acompañaba de una impresionante carta de derechos humanos. También limitaba el mandato presidencial a dos legislaturas de cinco años. La nueva Constitución fue adoptada en febrero de 1990 y la independencia se obtuvo un mes después, con Nujoma como primer presidente de Namibia.

Posindependencia

Con todo el optimismo del comienzo, Sam Nujoma y el partido de la Swapo centraron su política en cicatrizar las heridas de 25 años de conflicto mediante un programa de reconciliación nacional. El otro objetivo fue la reconstrucción económica basándose en un modelo mixto que contemplaba alianzas con el sector privado.

Estas políticas moderadas aportaron una estabilidad tan bien recibida que en las elecciones de 1994 Nujoma y su partido fueron reelegidos con un triunfo aplastante del 68% sobre el principal partido opositor, la Democratic Turnhalle Alliance, DTA. Del mismo modo, en 1999 la Swapo obtuvo el 76,8% de los votos, pero la situación se volvió preocupante cuando el presidente Nujoma realizó una enmienda a la Constitución para presentarse a una tercera legislatura, algo ilegal hasta ese momento.

Otro problema político fue la creciente agitación en la franja de Caprivi, que comenzara en 1999 con un fallido intento de los rebeldes de tomar Katima Mulilo. La lucha continúa provocó el abandono del territorio por parte de sus habitantes y el alejamiento de los turistas hasta que el conflicto finalizó en el 2002.

En el 2004 el mundo estuvo pendiente de si Nujoma se mantendría en el poder por una cuarta legislatura, y casi pudo escucharse el suspiro de alivio cuando anunció que finalmente se retiraría en favor del sucesor elegido por él, Hifikepunye Pohamba. Al igual que Nujoma, Pohamba era un veterano de la Swapo y accedió al poder con el 77% de los votos, siendo reelegido en el 2009. Dejó el Ministerio de Agricultura, que había presidido durante la ejecución de un plan particularmente controvertido: la expropiación de tierra a ganaderos blancos. Retomó esta medida como parte de la “agenda de la pobreza” que, junto a la crisis nacional de HIV/sida, la desigualdad de la renta, la administración de las fuentes de riqueza y el reto de mejorar la calidad de vida de los pobres, serían los problemas internos afrontados durante su presidencia.

En el 2011 se anunció que Namibia había encontrado yacimientos de petróleo en el fondo marino que sumaban 11 billones de barriles, aunque no está todavía claro si estas reservas son viables comercialmente. El mismo año, los esfuerzos del Gobierno por rectificar los abusos del periodo colonial dieron frutos cuando un museo alemán devolvió los cráneos de 20 herero y nama.

Respetando la Constitución y manteniendo el impresionante historial de transiciones pacíficas desde la independencia, el presidente Pohamba respetó su promesa de abandonar el cargo en el 2014. Su sucesor, Hage Geingob, ganó fácilmente las elecciones en noviembre del mismo año. Sin embargo, la campaña electoral experimentó una tensión poco común que enrareció el ambiente y la policía disparó a uno de los manifestantes. Aun así, los observadores internacionales alabaron a Namibia por otras elecciones limpias en las que se empleó, por primera vez en África, el voto electrónico. Los márgenes de victoria de la Swapo (87% en los comicios presidenciales, 80% en los parlamentarios) sugieren que su liderazgo político va para largo.

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