Historia de Indonesia

La historia de Indonesia es una colorida danza de emigrantes e invasores, de rebeldes y religiones, de reinos e imperios, de vencedores y vencidos, protagonizada por su naturaleza insular y su emplazamiento en milenarias rutas comerciales asiáticas. Está repleta de héroes y villanos, opresores y víctimas, pero lo más sorprendente es que sus más de 17 000 islas, con más de 300 lenguas y culturas diversas, pudieran convertirse en una nación.

El archipiélago comercial

Los indonesios habitan una tierra donde un breve viaje por mar o tierra adentro puede conducir al viajero a un ecosistema totalmente nuevo. Hace mucho tiempo habitantes del bosque recogían coloridas plumas de aves y resinas de árbol para intercambiarlas por caparazones de tortuga o sal con pueblos que vivían junto al mar. Algunos de estos productos llegaban a islas cercanas y de ahí a otras más remotas. Sobre el 500 a.C., las rutas navegadas por los indonesios isleños comenzaron a solaparse con las de los navegantes de Asia. De ahí que, unos dos mil años atrás, el pueblo dongson de Vietnam elaborase bellos tambores de bronce con dibujos de plumas del ave del paraíso de Papúa, algunos de los cuales llegaron hasta Java, Sumatra y Bali.

Las grandes islas occidentales de Indonesia (Sumatra, Kalimantán y Java) se hallan en medio de las rutas marítimas que enlazan con la península Arábiga, la India, China y Japón. Indonesia estaba destinada a convertirse en un cruce de caminos en Asia y, durante al menos dos mil años, el comercio ha sido su alma: nueva gente, nuevas ideas, nuevos cultivos, nuevas tecnologías, nuevas religiones, nuevas guerras y nuevos gobernantes.

Influencia india y Sriwijaya

El contacto entre Indonesia y la India se remonta mucho tiempo atrás. Las plantas de pimienta, originariamente de la India, ya sazonaban la comida de Indonesia occidental en el 600 a.C. La calidad de la ropa mejoró mucho cuando barcos procedentes de Indonesia arribaron a la India en el s. II a.C. y se llevaron plantas de algodón. En los primeros siglos de nuestra era, mercaderes indios del sur de la India empezaron a asentarse en la costa del sureste asiático y, de ahí, en los primeros enclaves comerciales costeros de Java, Sumatra y Kalimantán. Los indios trajeron joyas, ricas telas, alfarería y las culturas hindú y budista.

Desde el s. IV a.C. viajeros chinos llegaron también a los puertos indonesios, y en el s. VII crónicas chinas empezaron a mencionar el estado portuario budista de Sriwijaya, en la zona de Palembang-Jambi, al sureste de Sumatra, y que pudo ser una agrupación de puertos o un único reino cuya capital cambió a veces de emplazamiento. Sriwijaya era un estado potente cuyos marineros eran capaces de cargar pimienta, marfil, resinas, plumas, caparazones de tortuga, nácar y muchos otros productos de Sumatra y de puertos situados en el mar de Java y transportarlos hacia China, desde donde regresaban con seda, cerámica y hierro. Sriwijaya mantuvo su importancia como puerto franco para comerciantes indios, indonesios, árabes, del sureste asiático y chinos hasta el s. XIV.

Los comerciantes de Arabia

Los primeros comerciantes musulmanes de la península Arábiga aparecieron en los puertos indonesios hacia el año 632. Buques árabes con destino a China llenos de especias y maderas exóticas o telas indias arribaban a Sumatra o a otras islas indonesias para cargar productos locales, como maderas aromáticas, resinas y alcanfor. Alrededor del s. XIII, los árabes habían fundado enclaves en los principales puertos indonesios. En el s. XIII Sulaiman bin Abdullah bin al-Basir, gobernante del pequeño puerto de Lamreh, al norte de Sumatra, fue el primer gobernante indonesio conocido en adoptar el islam y el título de sultán.

Majapahit

Mientras se creaban los primeros sultanatos indonesios, Majapahit, el más grande de los estados indobudistas de Indonesia, florecía en Java Oriental. Como Sriwijaya, la fortaleza de Majapahit radicaba en el comercio. Sus poderosas flotas exigían impuestos a varios puertos esparcidos desde Sumatra hasta Papúa (según el poeta de la corte Prapanca, los estados desobedientes eran “borrados”), lo que permitió a sus comerciantes dominar el jugoso comercio entre los puertos de Sumatra y China. Prapanca explicaba que los comerciantes de los puertos de Majapahit procedían de Camboya, Vietnam y Tailandia. Con el tiempo, Demak, uno de los nuevos puertos islámicos del norte de Java, terminó por conquistar Majapahit en 1478.

Especias y portugueses

A medida que el islam se extendía por el archipiélago, llegaron también los marineros europeos, cuyos buques de avanzado diseño y su tecnología de navegación les permitían surcar océanos en busca de riqueza. Los buques portugueses cruzaron el océano Índico desde el sur de África hasta la India, avanzando luego hacia el este. En 1511 conquistaron Malaca, clave en el vital estrecho de Malaca entre Sumatra y la península de Malaca, creando bases por toda Indonesia y enclaves en puertos desde la India hasta China y Japón.

El aliciente que atrajo a los portugueses a Indonesia fueron el clavo, la nuez moscada y la macis, tres plantas autóctonas de las actuales islas Molucas, muy apreciadas en Europa, China, el mundo islámico y en la propia Indonesia por realzar el sabor de la comida. El clavo (los capullos de la flor del clavero secados al sol) se producía en un puñado de islas junto a la costa occidental de Halmahera. La nuez moscada y el macis, ambos fruto del árbol de nuez moscada, procedían de las islas Banda.

Los mercaderes portugueses se unieron a los indonesios occidentales a la hora de adquirir especias en Molucas, trayendo consigo exóticos artículos como relojes, armas, boniatos, y el cristianismo. Se incrementó el cultivo de clavo y de nuez moscada para satisfacer la demanda. Los portugueses fueron expulsados en 1575 tras romper con Babullah, el sultán de Ternate, estableciéndose en la vecina Pulau Ambon.

También comerciaban en Aceh (norte de Sumatra) y Banten (noroeste de Java), donde el principal producto era la pimienta, utilizada durante siglos en Europa, China y en otros lugares para sazonar la comida.

En el s. xvii los portugueses fueron expulsados del negocio de los condimentos por unos rivales más resueltos, mejor armados y con una mejor financiación: los holandeses, que no solo querían comprar especias sino echar a otros europeos de todo el comercio con Asia.

Del animismo al islam

Los primeros habitantes de Indonesia eran animistas: creían que los objetos animados e inanimados tenían su propio espíritu y que podían influir en los acontecimientos con ofrendas, rituales o magia. Los yacimientos prehistóricos que salpican el país (y las actuales sociedades animistas) demuestran la existencia de creencias basadas en la vida eterna, en los poderes sobrenaturales y en la influencia de los espíritus de los muertos. Aunque algunos megalitos pueden tener unos cinco mil años, en Sumba el animismo sigue vivo y todavía siguen erigiéndose tumbas megalíticas de cemento.

Hinduismo y budismo

El contacto con las culturas comparativamente más avanzadas de la India en los primeros años de nuestra era hizo que los indonesios adoptasen nuevos sistemas de creencias. Los comerciantes indios que se establecieron en Indonesia siguieron practicando el hinduismo o el budismo. Algunos construyeron sus propios templos y trajeron sacerdotes, monjes, maestros o escribas. Impresionados, los gobernantes autóctonos comenzaron a utilizar títulos indios como rajá o marajá o a añadir el sufijo varman a sus nombres, adoptando su religión o su filosofía. Los primeros testimonios de gobernantes ‘indianizados’ son inscripciones en piedra en sánscrito del s. V halladas en Java Occidental y cerca de Kutai (actualmente Tenggarong), en Kalimantán.

Desde entonces y hasta el s. XV los principales estados indonesios eran hindúes o budistas. Sriwijaya, al sur de Sumatra, era predominantemente budista. En los ss. VIII y IX, en Java Central, el reino budista de Sailendra y el reino predominantemente hindú de Sanjaya (o Mataram) construyeron los grandes templos de Borobudur y Prambanan, respectivamente. Ambos pretendían recrear la civilización india en el paisaje de Java, pero aunque creían en dioses hindúes como Siva y Visnú, ello no borró las creencias tradicionales en la magia o en los espíritus de la naturaleza. En el s. X la riqueza y el poder de Java se desplazaron hacia el este de la isla, dominada por una serie de reinos indobudistas hasta finales del s. XV, el más grande de ellos Majapahit (1294-1478), en Trowulan. La cultura india de Java se extendió a Bali (hoy todavía hindú) y a partes de Sumatra.

Islam

Con el tiempo Majapahit fue dominada por el islam. Los mercaderes musulmanes árabes habían llegado a Indonesia en el s. VII, y en torno al s. XIII ya habían establecido asentamientos en los grandes puertos del país. Fue entonces cuando los primeros gobernantes de Lamreh y Pasai (al norte de Sumatra) adoptaron el islam. Poco a poco, durante los dos siglos posteriores y más rápidamente después, otros puertos indonesios con comunidades musulmanas se pasaron al islam. Sus gobernantes, convencidos por las enseñanzas islámicas y los deseosos de unirse a una provechosa red internacional, adoptaban con frecuencia el título de sultán para proclamar su conversión. Malaca, en la península homónima, se pasó al islam en 1436, erigiéndose en modelo a imitar para otros estados musulmanes.

En Java, Sumatra y Sulawesi algunos estados musulmanes propagaron el islam mediante conquistas militares. La conversión de varios puertos al norte de Java a finales del s. XV hizo que Majapahit quedase rodeada de estados hostiles. Uno de ellos, Demak, conquistó Majapahit en 1478.

El islam de Indonesia siempre ha tenido algo de ‘religión popular’ ya que las leyendas de santos islámicos, hombres sagrados y proezas mágicas, así como los peregrinajes a lugares asociados con ellos han jugado un papel importante en la vida musulmana.

Mataram, el reino musulmán indonesio más grande, fue fundado en 1581 en la zona de Java donde, siglos atrás, habían florecido los reinos de Sailendra y Sanjaya. Senopati, su segundo gobernante, era descendiente de príncipes hindúes y colaboró en incorporar aspectos del pasado hindú y de las antiguas creencias animistas al nuevo mundo musulmán.

Cristianismo

La última gran religión en llegar a Indonesia fue el cristianismo. Los portugueses católicos realizaron algunas conversiones entre las comunidades islámicas de Molucas y Sulawesi en el s. XVI, pero muchas volvieron al islam. Los holandeses protestantes, que se hicieron gradualmente con el control de todo el archipiélago entre los ss. XVII y XX, poco hicieron por extender el cristianismo. Mientras, los misioneros de los ss. XIX y XX se decantaron por las regiones donde el islam era débil o inexistente como en Minahasa y Toraja en Sulawesi, el área de Batak en Sumatra y en Nueva Guinea Holandesa (hoy Papúa).

Rajás y sultanes

Los estados hindúes, budistas y musulmanes de Indonesia no eran caritativas organizaciones dedicadas al bienestar de sus súbditos. La gran mayoría eran monarquías absolutas o sultanatos cuyos gobernantes aseguraban ser en parte divinos. Sus súbditos estaban para producir alimentos y bienes, para desempeñar negocios con que pagar los impuestos al soberano, para luchar o para ocupar puestos en la corte real como los de astrólogo, poeta, recaudador de impuestos o concubina. En general, la tierra pertenecía al soberano, quien permitía su cultivo a los súbditos a cambio de impuestos y tributos. Los esclavos eran parte intrínseca del panorama hasta bien entrado el s. XIX.

Los reinos o sultanatos más extensos, como el indobudista Majapahit (1294-1478), en Java, o el musulmán de Mataram (1581-1755), erigieron imperios comerciales gracias a los tributos satisfechos por otros pueblos a quienes mantenían a raya bajo la amenaza de una intervención militar. Majapahit perduró en la memoria de posteriores estados indonesios por los buenos modales, la ceremonia y las artes de su corte, y porque algunos de sus príncipes y princesas habían contraído matrimonio con las familias gobernantes de los sultanatos musulmanes. Muchos soberanos posteriores fundaban sus credenciales recurriendo a conexiones familiares con el reino de Majapahit.

Pero el compartir una misma religión no evitó el conflicto. El sultán Agung de Mataram no tuvo reparos en conquistar estados musulmanes vecinos en la década de 1620, cuando deseaba estrechar el control sobre las rutas de exportación del arroz, el azúcar y la teca de Mataram. Tampoco las lealtades pasadas, ni siquiera los vínculos de sangre, eran garantía de un trato de favor. En el primer año de su reinado, el sucesor de Agung, Amangkurat I, ejecutó al menos a 6000 súbditos, incluidos a los consejeros de su padre y a sus propios hermanastros y sus familias para eliminar cualquier posible disputa a su autoridad.

Influencia europea

En los ss. xvi y xvii, y coincidiendo con su llegada, los estados indonesios se sirvieron de los europeos como socios comerciales, mercenarios o aliados según su conveniencia, pretendiendo además deshacerse de ellos si se volvían demasiado fuertes o exigentes. En Molucas, el pequeño sultanato musulmán de Ternate, rico en clavo, expulsó a sus antiguos socios comerciales, los portugueses, en 1575. Más tarde otorgó a los holandeses el monopolio sobre la venta de sus especias, utilizando los ingresos para construir su flota de guerra y cobrar tributos de otros pequeños estados. Con el tiempo, Ternate controló 72 estados en Molucas y en Sulawesi, que pagaban impuestos.

Al final, dichos contratos, alianzas y conquistas confirieron a los holandeses el control sobre gran parte del comercio y el territorio de Indonesia. Su participación en las interminables luchas internas del reino de Mataram en Java les brindó tal poder sobre la región que, en 1749, el moribundo rey Pakubuwono II les cedió el control de su reino. En 1755 los holandeses provocaron un nuevo conflicto sucesorio en Mataram partiéndolo en dos reinos con capitales en Surakarta (Solo) y Yogyakarta. Más tarde ambas familias reales volvieron a dividirse, de forma que a comienzos del s. XIX había cuatro casas reales rivales en esta pequeñísima porción de Java Central.

Siempre que los gobernantes y aristócratas del lugar cooperasen, los holandeses estaban dispuestos a dejarlos en paz. Más tarde, estos gobernantes tradicionales pasaron a ocupar los primeros puestos de la rama ‘autóctona’ del funcionariado colonial y siguieron dirigiendo sus reinos bajo la supervisión de un puñado de administradores holandeses.

El dominio holandés

Cuando los neerlandeses llegaron a Banten por primera vez en 1595 y fundaron la Compañía Holandesa de las Indias Orientales para gestionar todos sus negocios en las Indias Orientales, en 1602, no tenían intención de acabar gobernando la totalidad de la futura Indonesia. Querían, sencillamente, expulsar a otras potencias europeas del lucrativo comercio de las especias. Su estrategia consistió en firmar acuerdos comerciales de exclusividad con los mercaderes del lugar y en imponer su voluntad por la fuerza en caso necesario. Gracias a las potentes flotas y los efectivos militares se convirtieron en formidables aliados de los jefes autóctonos; a cambio, los holandeses podían obtener valiosos derechos comerciales.

La llegada

Al principio los holandeses se centraron básicamente en el comercio de las especias y en 1605 echaron a los portugueses de Ambon. Luego crearon su propia cadena de enclaves en puertos musulmanes en la ruta hacia las islas de las Especias (las actuales Molucas) con sede en Jayakarta, un pequeño puerto de Banten al noroeste de Java. Cuando Banten trató (con ayuda inglesa) de expulsarlos en 1619, los holandeses repelieron el ataque, reconstruyeron la ciudad y la rebautizaron como Batavia (actual Yakarta).

Con distintos métodos, los holandeses tomaron el control de Banda (1621), Malaca (1641), Tidore (1657), Makassar (1669) y luego de varios puertos de Java. En Banda exterminaron o expulsaron casi a la totalidad de la población en la década de 1620, creando plantaciones de nuez moscada cultivadas por esclavos.

El reino de Mataram en Java trató, sin éxito, de echar a los holandeses de Batavia en 1628 y de nuevo en 1629. En la década de 1640, el rey de Mataram, Amangkurat I, enfrentado a varios problemas internos, decidió que era mejor hacer las paces con la Compañía Holandesa de las Indias Orientales y otorgar una licencia exclusiva para transportar productos de Mataram.

Mientras chinos, árabes e indios siguieron comerciando con Indonesia durante los ss. XVII y XVIIIi, la Compañía Holandesa de las Indias Orientales se hizo con los mejores negocios. Los mercaderes asiáticos transportaban arroz, fruta y cocos de una parte del archipiélago a otra, en tanto que los holandeses hacían lo propio con especias, madera, telas y metales a otros puertos de Asia y Europa.

Sobre el 1800 la Compañía Holandesa de las Indias Orientales controlaba la mayor parte de Java y zonas de Molucas, Sulawesi, Sumatra y Timor, pero había crecido demasiado y era corrupta e insolvente. La Corona holandesa se hizo con las posesiones de la compañía, pero después las perdió (primero a manos de Francia y luego de Gran Bretaña) durante las guerras napoleónicas. En 1816 los holandeses retomaron el control en virtud del Tratado anglo-holandés de 1814.

El control del comercio

A lo largo del s. XIX se fomentó la agricultura de exportación entre la iniciativa privada europea. Plantaciones privadas de caucho y tabaco con pésimas condiciones laborales contribuyeron a ampliar el control holandés sobre Sumatra oriental. La administración colonial se centró en crear un clima inversor favorable mediante la construcción del ferrocarril, la mejora de las carreteras y los servicios de transporte de mercancías, y acallando el descontento y librando campañas militares para someter a los últimos estados rebeldes. El sultanato de Banjarmasin, en Kalimantán, cayó bajo el control directo de los holandeses en 1863 después de una guerra de cuatro años. Rica en recursos, Aceh, en el norte de Sumatra, fue finalmente sometida en 1903, después de 30 años de salvajes combates. El suroeste de Sulawesi fue ocupado entre 1900 y 1910 y, tras varios intentos, Bali fue controlada en 1906. A finales del s. XIX Holanda, Gran Bretaña y Alemania acordaron dividir la inexplorada isla de Nueva Guinea.

La Política Ética

El final del s. XIX vio cómo los holandeses admitían los problemas y las necesidades del pueblo indonesio. El resultado fue la puesta en marcha, en 1901, de la Política Ética, dirigida a aumentar el bienestar y el poder adquisitivo de los indonesios a través de la mejora de la irrigación, la educación y el crédito. Pero los efectos inmediatos de estas políticas redundaban generalmente en los europeos. El incremento de la propiedad privada de la tierra hizo crecer el número de indígenas sin tierra. Aunque las revueltas y las huelgas eran bastante frecuentes, el comercio colonial siguió creciendo. Alrededor de la década de 1930 las Indias Orientales Holandesas suministraban la mayor parte de quinina y de pimienta del mundo, más de un tercio del caucho y casi una quinta parte del té, el azúcar, el café y el aceite.

En busca de la libertad

Las consecuencias a largo plazo de la Política Ética fueron revolucionarias. La ampliación de la educación se tradujo en una nueva clase de indonesios conscientes de las injusticias coloniales, de los acontecimientos políticos internacionales y del valor de su propia cultura. Estos hombres pronto fundaron diversos grupos políticos y religiosos y publicaciones, algunos expresamente dedicados a poner fin al dominio colonial holandés.

Los primeros nacionalistas

Los indonesios de hoy en día contemplan 1908 como el año en que arrancó su movimiento de independencia con la fundación de Budi Utomo (el Glorioso Empeño), una organización liderada por hombres indonesios de clase alta, educados por los holandeses, que deseaba reavivar la monarquía y modernizar la cultura de Java para el s. XX. El movimiento pronto fue seguido por grupos más radicales. Sarekat Islam (Unión Islámica), nacido en 1912, empezó como un grupo de ayuda económica recíproca musulmán en Java, con una fuerte inclinación anticristiana y antichina. Se unió con otros grupos y creció rápidamente hasta formar un movimiento anticolonial de un millón de afiliados con el objeto de conectar a los aldeanos de toda la colonia con las élites cultas.

En 1920 el Partido Comunista Indonesio (PKI), que había operado dentro de Sarekat Islam, adoptó entidad propia como partido independentista con el respaldo de trabajadores urbanos. Puso en marcha revueltas en las islas de Java (1926) y Sumatra (1927) hasta que los holandeses encarcelaron o enviaron al exilio a miles de comunistas.

1928 fue un año crucial en la intensificación de la conciencia nacionalista. El Congreso de las Juventudes de Indonesia proclamó su histórico Compromiso de la Juventud, basado en los objetivos de una única identidad nacional, un solo país (Indonesia) y una sola lengua (una versión del malayo denominada “bahasa indonesia”). Entretanto, el Partido Nacional Indonesio (PNI), creado en 1927 a partir del Grupo de Estudio de Bandung liderado por el entonces joven ingeniero Sukarno, se convertía rápidamente en la organización nacionalista más fuerte de Indonesia, hasta que los holandeses encarcelaron a sus líderes en 1930.

El sentimiento nacionalista siguió extendiéndose durante la década de 1930 pero, incluso cuando la Alemania nazi invadió los Países Bajos en 1940, el gobierno colonial holandés se mantuvo aferrado al poder.

La II Guerra Mundial

Todo cambió cuando Japón invadió las Indias Orientales Holandesas en 1942, eliminando la resistencia neerlandesa y aliada. Casi 200 000 civiles holandeses y chinos, junto con militares aliados, fueron encerrados en campos de prisioneros. De entrada, muchos indonesios saludaron la llegada de los japoneses como liberadores, pero ese sentimiento cambió a medida que eran condenados a trabajos forzados. La ocupación nipona, que se prolongó tres años y medio, fortaleció el movimiento nacionalista indonesio, ya que los japoneses recurrieron a los nacionalistas antiholandeses para ayudarles a gobernar el país, permitiéndoles una actividad política limitada. Sukarno fue autorizado a viajar por el país para impartir discursos nacionalistas. Los japoneses también organizaron milicias indonesias de defensa de la patria, cuyo adiestramiento resultó útil en la ulterior lucha de los indonesios contra los holandeses.

Cuando la derrota planeaba sobre Japón en mayo de 1945, la Agencia de Investigación para la Preparación de la Independencia se reunió en Yakarta. Esta comisión de nacionalistas indonesios creada por los japoneses propuso una constitución, una filosofía (Pancasila) y un territorio (la totalidad de las Indias Orientales Holandesas) para la futura república.

La revolución

Cuando Japón anunció su rendición el 15 de agosto de 1945, un grupo de pemuda (jóvenes nacionalistas radicales) secuestró a Sukarno y a su colaborador Mohammed Hatta presionándolos para que declarasen de inmediato la independencia de Indonesia, cosa que hicieron en la propia casa de Sukarno el 17 de agosto (el texto de su proclamación puede verse en los billetes de 100 000 IDR). Se formó un gobierno bajo la presidencia de Sukarno y la vicepresidencia de Hatta.

Fuerzas británicas y australianas llegaron para desarmar a los japoneses y mantener a raya a los nacionalistas indonesios hasta que los holandeses pudieran enviar su propio ejército. Pero los indonesios anhelaban la independencia. Algunos, como Sukarno y Hatta, eran partidarios de una solución negociada; otros querían luchar. Los primeros meses de la revolución fueron especialmente caóticos: masacres de civiles chinos, holandeses y euroasiáticos y de aristócratas indonesios, conatos de revoluciones comunistas en algunas zonas y choques entre grupos armados indonesios, británicos y japoneses. En la sangrienta batalla de Surabaya, en noviembre de 1945, murieron miles de personas, no solo a raíz de los bombardeos británicos y de las luchas contra estos en las calles, sino también en el transcurso de atrocidades cometidas por los nacionalistas contra civiles. En diciembre los nacionalistas lograron reagrupar a varios colectivos de lucha en un único ejército republicano.

En 1946 llegaron 55 000 soldados holandeses que pronto recuperaron grandes ciudades en Java y Sumatra. Las crueles tácticas empleadas por el capitán Raymond Westerling en Sulawesi meridional provocaron la ejecución de al menos 6000 indonesios (40 000 según algunas fuentes). La primera de las dos grandes ‘acciones de policía’ holandesas redujo el territorio republicano a zonas de Java y Sumatra en agosto de 1947, con Yogyakarta como capital.

Las diferencias entre las fuerzas indonesias explotaron de forma brutal. En Madiun, Java, el Ejército Republicano y las milicias musulmanas lucharon contra las fuerzas procomunistas en agosto de 1948, dejando un saldo de 8000 muertos. La segunda ‘acción de policía’ hizo que los holandeses ganasen más territorio, y capturaron a Sukarno, a Hatta y a su primer ministro, Sutan Syahrir. Pero las fuerzas independentistas mantuvieron una guerra de guerrillas hasta que la opinión internacional (especialmente EE UU) se volvió en contra de Países Bajos. Conscientes de que su causa era imposible, los neerlandeses transfirieron finalmente la soberanía sobre las Indias Orientales Holandesas (excepto Nueva Guinea Holandesa) a la república indonesia el 27 de diciembre de 1949. Al menos 70 000 indonesios (quizá hasta 200 000) habían perdido su vida en la revolución, junto con 700 soldados holandeses y británicos y varios miles de soldados japoneses, civiles europeos, chinos y euroasiáticos.

‘Bung’ Karno

La Indonesia independiente tuvo un primer período muy problemático. Las tensiones entre musulmanes y comunistas persistieron, mientras que los nacionalistas seculares como Sukarno y Hatta trataban de mantener el orden. La economía se encontraba en un estado lamentable tras casi un decenio de conflicto y, a comienzos de la década de 1950, una caída en los precios de las materias primas empeoró las cosas.

Las primeras divisiones

Algunos pretendían que Indonesia fuese una república islámica, mientras que otros no querían que su territorio fuese parte del país en absoluto. La Darul Islam (Casa del Islam), con sede en Java Occidental, deseaba una sociedad regida por la ley islámica, por lo que se unió con organizaciones similares en Kalimantán, Aceh y el sur de Sulawesi para librar una guerra de guerrillas contra la república que, en Java Occidental, duró hasta 1962. En Molucas, antiguos soldados de la isla de Ambon del ejército colonial holandés declararon una República Independiente de Molucas del Sur en 1950, pero fueron derrotados en cuestión de meses.

Una democracia guiada

Los gobiernos de coalición nunca duraron mucho y cuando se celebraron finalmente elecciones parlamentarias en 1955, ningún partido obtuvo más de una cuarta parte de los votos. Sukarno respondió con la Democracia Guiada, en realidad una inestable coalición entre el Ejército, grupos religiosos y comunistas, con un creciente poder en manos del presidente (el propio Sukarno). En 1959 Sukarno también adoptó el cargo de primer ministro. El Parlamento elegido fue disuelto en 1960 y de todos los partidos políticos solo el PKI seguía teniendo algo de influencia.

La creciente acumulación de poder por parte de Sukarno fue uno de los motivos de las rebeliones regionales en Sumatra y Sulawesi en 1958. Los rebeldes, con el apoyo de la CIA, también eran contrarios a la influencia de los comunistas, a la corrupción y al uso de los ingresos obtenidos con la exportación procedente de las islas periféricas para importar arroz y bienes de consumo para Java. Las revueltas fueron sofocadas en pocos meses y, como colofón, Sukarno forjó una nueva alianza con el Ejército.

Monumentos y confrontaciones

Incapaz de remontar la economía, Sukarno construyó una serie de ostentosos monumentos nacionalistas como sustituto del desarrollo real, como el Monumento Nacional de Yakarta y Mesjid Istiqlal. También distrajo la atención de los indonesios con mucha bravuconería y agresividad hacia supuestos resquicios amenazadores de imperialismo occidental por toda Indonesia, Nueva Guinea Holandesa y Malasia.

El asunto de Nueva Guinea ya había hecho que Indonesia expropiase todos los activos neerlandeses en el país y expulsase a 50 000 holandeses entre 1957 y 1958, después de que la ONU rechazase las pretensiones indonesias sobre ese territorio. Envalentonada por el apoyo militar soviético, finalmente Indonesia se hizo con el control de la zona en 1963. La ulterior oposición de la población autóctona de Papúa fue brutalmente sofocada.

El golpe de Estado y la masacre anticomunista

Entretanto, el PKI animaba a los campesinos a apropiarse de tierra sin esperar a la redistribución oficial, dando lugar a violentos choques en Java Oriental y en Bali. En 1965 el PKI contaba con tres millones de afiliados y tenía el control sobre la mayor organización sindical y el mayor agrupamiento campesino, lo que le permitió penetrar ampliamente el aparato gubernamental. Sukarno vio al PKI como un potencial contrapeso al Ejército, cuyo creciente poder contemplaba con preocupación, y decidió crear una nueva milicia dotándola de armamento. Esta maniobra agudizó las tensiones con las fuerzas armadas oficiales y empezaron a circular rumores de un golpe comunista planificado.

El 1 de octubre de 1965 rebeldes militares asesinaron a seis importantes generales en Yakarta y sus inmediaciones. El general Suharto, jefe de la Reserva Estratégica del Ejército, movilizó rápidamente fuerzas contra los rebeldes, con lo que al día siguiente se vio claro que el golpe había fracasado. La cuestión de quién estaba detrás sigue siendo un misterio, no así sus consecuencias.

Las fuerzas armadas bajo el control de Suharto y civiles anticomunistas armados, utilizaron el golpe frustrado como pretexto para arremeter cruelmente contra los comunistas, verdaderos o presuntos. En marzo de 1966, más de medio millón de personas fueron asesinadas, principalmente en Java, Bali y Sumatra.

La marginación de Sukarno

A pesar de que Sukarno siguió como presidente, Suharto empezó a maniobrar para hacerse con el poder. El 11 de marzo de 1966 las tropas de Suharto rodearon el palacio presidencial y Sukarno firmó la Orden del 11 de marzo autorizando a Suharto a restaurar el orden. Los leales a Sukarno en las fuerzas armadas y en el gabinete pronto fueron arrestados. Después de posteriores purgas y manifestaciones contra Sukarno, en marzo de 1967 la Asamblea Consultiva del Pueblo (MPR) designó a Suharto como presidente en funciones. Un año más tarde, con Sukarno en arresto domiciliario, la MPR nombró presidente a Suharto.

Sukarno murió de causas naturales en 1970. Orador edificante y líder carismático, aún es tenido en gran afecto y estima por muchos ancianos indonesios, que suelen referirse a él como “Bung Karno” (bung significa “compañero”).

De padre javanés y madre balinesa, era extravagante, complejo y muy inteligente, y dominaba varios idiomas. Aparte del islam, había recibido influencias del marxismo, el misticismo javanés y balinés, y una educación básicamente holandesa. Tuvo al menos ocho mujeres (hasta cuatro a la vez) en un momento en que la poligamia ya no era muy frecuente en Indonesia.

Durante su carrera política se esforzó por unir a los indonesios y, más que nadie, fue el arquitecto del país.

‘Pak’ Harto

Tras la matanza de comunistas (reales o presuntos) y después de que más de un millón de prisioneros políticos hubieran sido puestos entre rejas, los 31 años del régimen de Suharto fueron uno de los episodios más oscuros en la historia de Indonesia. Tal fue el estrangulamiento de la oposición, las protestas y la libertad de expresión que apenas hubo debate público.

Soldado de carrera

Mientras que Sukarno había liderado el país con carisma, los discursos de Suharto parecían destinados a ahogar el debate en lugar de inspirarlo. Cuando murió en el 2008, “enigmático” fue uno de los epítetos más benignos utilizados en sus obituarios. Suharto gozaba de un soberbio talento para manipular los hechos en su propio interés y sobrevivir a todos sus adversarios.

Nacido en Java en 1921, siempre fue un soldado desde el día en que, al final de su adolescencia, se incorporó al ejército colonial holandés. En la década de 1950 ascendió rápidamente en el ejército indonesio y participó en la represión de las rebeliones de Molucas del Sur y de la Darul Islam. En 1959 fue relegado a una escuela militar debido a su implicación en el contrabando de opio y de azúcar, pero en 1962 Sukarno lo designó para liderar la campaña militar contra Nueva Guinea Holandesa.

El Nuevo Orden

El Nuevo Orden dio a Indonesia cierta estabilidad y un período más o menos largo de constante desarrollo económico. Mientras que los indonesios se referían a Sukarno como “Bung Karno”, el título de Suharto no pasó nunca del más formal “Pak (padre) Harto”.

Suharto y sus generales entendían que Indonesia debía mantenerse unida a toda costa, lo que conllevaba minimizar la actividad política y aplastar cualquier movimiento potencialmente separador, incluidos los islamistas radicales, los comunistas o los rebeldes separatistas de Aceh, Papúa (la antigua Nueva Guinea Holandesa) y Timor Oriental.

Suharto, S. A.

Un poder casi absoluto permitió a las fuerzas armadas, a la familia y a los socios de Suharto campar a sus anchas. El Ejército no era únicamente una fuerza de seguridad; dirigía cientos de negocios, legales e ilegales, supuestamente para complementar su inadecuada financiación gubernamental. La corrupción iba de la mano con el secretismo, y el paradigma de ello era la familia de Suharto. La esposa de Suharto, Ibu Tien (apodada Madam Tien Per Cent) controlaba el monopolio estatal de la importación y molienda de trigo; su hija Tutut ganó en 1987 el contrato de la autopista de peaje de Yakarta; y su hijo Tommi se hizo en 1989 con el monopolio del clavo que se utilizaba en los populares cigarrillos kretek.

En 1995 Indonesia fue considerado el estado más corrupto de los 41 evaluados en el primer Índice de Corrupción publicado por Transparency International (TI). En el 2004 TI situó a Suharto a la cabeza de la tabla de personajes más corruptos de todos los tiempos.

La ampliación de Indonesia

Suharto se ocupó de que la antigua Nueva Guinea Holandesa permaneciese en Indonesia montando una parodia de plebiscito en 1969. Poco más de 1000 ‘representantes’ de Papúa elegidos fueron presionados para votar unánimemente a favor de la integración duradera con Indonesia.

En 1975 el partido de izquierdas Fretilin ganó una batalla de poder con la antigua colonia portuguesa recientemente independizada de Timor Oriental. La parte occidental de la isla, una antigua posesión holandesa, era indonesia, y ante la posibilidad de un gobierno de izquierdas en un estado vecino, Indonesia invadió y se anexionó Timor Oriental. Fretilin mantuvo una lucha de guerrillas y, en los 25 años posteriores, al menos 125 000 timorenses murieron en los combates, de hambre o víctimas de la represión.

El fin del Nuevo Orden

La crisis monetaria asiática de 1997, que causó estragos en la economía indonesia, aceleró el final del Nuevo Orden. Millones de personas perdieron su empleo y los aumentos de los precios desataron disturbios. Suharto tuvo que hacer frente a inusitados y generalizados llamamientos a su dimisión. Las concentraciones contra el Gobierno se extendieron de las universidades a las calles, y la muerte de cuatro estudiantes a manos del Ejército en 1998 desencadenó una ola de disturbios y saqueos que se cobró 1200 vidas. Los miembros del Gobierno de Suharto pidieron su dimisión, que llegó poco después.

El camino hacia la democracia

La caída de Suharto anunció la reformasi (reforma), tres tumultuosos años en que se avanzó en la democracia participativa, la libertad de expresión y los derechos humanos, al tiempo que se realizaron intentos para tratar las cuestiones de Timor Oriental, Aceh y Papúa. Fue un tiempo con muchos aspectos positivos, a pesar de algunos desastres, en el que en última instancia emergió la democracia en Indonesia.

La presidencia de Habibie

Tras la dimisión de Suharto, su vicepresidente, B. J. Habibie, ascendió a la presidencia. Habibie liberó a presos políticos, suavizó la censura y prometió elecciones, pero aun así trató de prohibir las manifestaciones y reafirmó el papel político del impopular Ejército. Las tensiones entre los cristianos y los musulmanes en partes de Indonesia desembocaron en violencia, especialmente en Molucas, donde, entre comienzos de 1999 y el 2002, se registraron incidentes con miles de muertos.

Las presidencias de Wahid y Megawati

Las primeras elecciones parlamentarias libres en 44 años tuvieron lugar en 1999. Ningún partido recibió un mandato claro, pero el MPR eligió presidente al predicador musulmán Abdurrahman Wahid en calidad de líder de una coalición. El excéntrico Wahid, de la organización islámica más grande del país, Nahdlatul Ulama (Ascenso de los Académicos), era ciego, había sufrido dos derrames cerebrales y detestaba la vestimenta formal y las jerarquías. Se embarcó en un ambicioso programa para controlar el Ejército, reformar los sistemas legal y financiero, promover la tolerancia religiosa, atajar la corrupción y resolver los contenciosos de Aceh y Papúa. Como era de esperar, estas medidas causaron preocupación y, en julio del 2001, el MPR destituyó a Wahid por supuesta incompetencia y corrupción.

La vicepresidenta Megawati, del Partido Demócrata Indonesio de Lucha (PDI-P), sustituyó a Wahid en la presidencia. Megawati, hija de Sukarno, contaba con el apoyo de muchos conservadores, pero hizo poco por cambiar las cosas durante los tres años que gobernó.

La era SBY

El año 2004 vio el primer voto directo popular a la presidencia de Indonesia. Susilo Bambang Yudhoyono (SBY), al frente del nuevo Partido Demócrata ganó en el voto de desempate contra Megawati Sukarnoputri. Político popular y pragmático, SBY se hizo pronto popular procurando que la ayuda extranjera llegase a Aceh, devastada por un tsunami, y sellando la paz con los rebeldes GAM de Aceh.

SBY forzó al Ejército a desprenderse de la mayor parte de sus negocios, y quedó marginado de la política (los militares perdieron sus escaños reservados en el Parlamento en el 2004). También hubo progresos contra la corrupción.

Los temores por un recrudecimiento del radicalismo islámico, especialmente después de los atentados en Bali y Yakarta entre los años 2002 y 2005, demostraron ser básicamente infundados. La mayoría de los musulmanes indonesios son moderados. Los partidos islámicos reciben un buen porcentaje de votos gracias a su discurso político convencional.

Los indonesios apreciaron claramente la estabilidad y el estilo dialogante y la buena gestión económica de SBY, ya que este fue reelegido para otros cinco años en el 2009 con más del 60% de los votos. Como aspecto interesante, ni la religión ni la etnia jugaron un papel decisivo a la hora de determinar el voto de la gente, lo que indica que los indonesios valoraron más la democracia, la paz y el progreso económico sobre los asuntos sectarios o religiosos. Los pronósticos que vaticinaban un gran ascenso de los partidos islámicos radicales resultaron fallidos, pues solo recibieron el 8% de los votos.

Entretanto, siguieron produciéndose desastres naturales y de otra índole: en el 2009 un terremoto se cobró 1100 muertos cerca de Padang, en Sumatra Occidental. En el 2010, otro terremoto en la costa cercana causó 435 víctimas y provocó un tsunami que llegó a las islas Mentawai. Durante estos dos años, se produjeron ocho accidentes aéreos (con más de 230 muertos) y dos naufragios de ferris (más de 275 víctimas mortales). El control de la seguridad en el transporte ordenado por SBY, iniciado en el 2007, no tuvo consecuencias relevantes.

El ascenso de Joko

Teniendo en cuenta que el colonialismo destructivo, las revoluciones, las masacres, los conflictos étnicos y la dictadura han formado parte de la rutina en Indonesia en los últimos 100 años, cabe destacar el ambiente pacífico en el que se han celebrado las últimas elecciones. El punto de inflexión vino marcado por los comicios del 2009: más de doce partidos hicieron fuertes campañas con apasionados mítines en la miríada de islas. ¿Y al final? Ganó el beneficiado por las urnas: SBY y su Partido Democrático; los indonesios eligieron continuar con el statu quo.

No deja de ser curioso, ya que no hace tanto tiempo, a la llegada del nuevo milenio, la sangre corrió por las calles desde Lombok a las Molucas, cuando las distintas facciones políticas y religiosas ajustaron cuentas entre ellas. Las elecciones regionales se han celebrado sin ningún problema varias veces en los últimos años. Y así se fue conformando el escenario para la elección presidencial más espectacular en Indonesia en el 2014.

La Indonesia de la vieja guardia, de los poderosos y los militares, estaba representada por Prabowo Subianto, un exgeneral acusado durante mucho tiempo de violaciones de derechos humanos cuando estuvo destinado a Timor Oriental, y durante la revuelta de 1998 que finalizó con la dimisión de Suharto. Su rival era Joko Widodo, el alcalde populista de Yakarta, un hombre probablemente abrumado por los calificativos de “humilde”, “hombre del pueblo” y “el Obama indonesio”.

Las elecciones quedaron enmarcadas en la pugna de lo nuevo contra lo viejo, y suscitó gran interés, no solo en Indonesia sino en todo el mundo. Fue la prueba de fuego del tercer estado democrático más grande (el primero es la India, seguido por EE UU). Jokowi, como le llama casi todo el mundo, recabó las esperanzas de muchos votantes hartos de la corrupción y la concentración del poder en una élite minoritaria. Las predicciones anunciaban el triunfo aplastante de Joko: el 9 de julio ganó con poco más del 53% de los votos frente a casi el 47% que obtuvo Prabowo.

A pesar de los rumores de que los simpatizantes de Prabowo impugnarían los resultados, estos fueron confirmados dos semanas más tarde. Aparentemente la vieja guardia había perdido en unas elecciones justas y pacíficas, a pesar de la vicepresidencia de Jusuf Kalla, que ya había ocupado el cargo bajo el mandato de SBY del 2004 al 2009, y de la presencia de otros incondicionales del viejo régimen en la administración. La coalición liderada por Prabowo ganó cerca del 60% de los escaños en la asamblea legislativa, el Consejo Representativo del Pueblo, y en un principio como mínimo parecían estar contentos de trabajar con Joko, aunque no se puede asegurar que el espíritu de colaboración tenga continuidad a largo plazo.

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