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10 viajes imprescindibles de otoño

Vermont, Estados Unidos © Kan Khampanya / 500px
Vermont, Estados Unidos © Kan Khampanya / 500px

El lugar perfecto y el momento adecuado

No todos los destinos son aptos para cualquier época del año. Hay que saber, por ejemplo, que el Camino Inca está cerrado en febrero, cuándo se ven mejor los animales salvajes de cada zona o cuándo se celebran ciertas fiestas y festivales especiales. Las siguientes 10 propuestas son perfectas para proyectos otoñales. 

1. Probar el mejor sirope de arce y saborear Vermont en otoño

 

En otoño las colinas de esta zona de Nueva Inglaterra se tiñen de tonos dorados, rojizos, escarlata y ámbar. A finales de septiembre las laderas de Vermont se visten con su vegetación otoñal; arces, fresnos, álamos y robles rojos lucen intensos amarillos y rojos. Durante seis semanas, todo el estado se inunda de colores, empezando en las crestas de las Green Mountains y bajando poco a poco a los valles. Los circuitos por carretera son muy populares, pero es aún mejor pedalear por las sugerentes localidades del valle bajo del Champlain. Hay que combinar la bohemia Brandon, la universitaria Middlebury y el lago Champlain, recobrando fuerzas con cerveza, queso artesano y… ¡el mejor sirope de arce del país! 

Una ruta ciclista triangular de 160 km enlaza en tres días tabernas históricas de Brandon, Middlebury y Shoreham. 

2. Brindar por la Francia rural en un viñedo de la Provenza

 

Francia, Provenza, Suzette © Matt Munro / Lonely Planet  Francia, Provenza, Suzette © Matt Munro / Lonely Planet 

¿Por qué hay que ir a la Provenza en otoño? Pues porque pasear entre viñedos durante la vendimia merece mucho la pena. En Francia abundan los viñedos, y hay más de trescientas denominaciones que producen 4500 millones de litros de vino al año. Cuando llega septiembre, los vendimiadores están en plena faena en la vendange anual, y con el excelente tiempo de la campiña provenzal y el turismo masivo de vuelta a las ciudades, este mes resulta ideal para explorar la región. Los pueblos están animados, los puestos de los mercados muestran los productos del otoño y las comunidades celebran sus fiestas de la cosecha. Lo más difícil es elegir una zona: la costera Cassis o Côtes de Provence, los rocosos cerros de Vaucluse o la ilustre Châteauneuf-du-Pape, antigua sede papal a orillas del Ródano, entre Orange y Aviñón. 

Una buena idea es apuntarse a un circuito de varios días desde Aviñón, primero hacia el noreste hasta los viñedos y sugestivos pueblos de montaña de Vaucluse, bajo el Mont Ventoux, y luego al oeste para contemplar el monumental teatro romano de Orange y bajar serpenteando el valle del Ródano por Châteauneuf-du-Pape.   

3. Admirar la antigua Pekín y la Muralla durante el fresco otoño chino

 

Los lugareños han acuñado esta expresión para el otoño: tian gao qi shuang (el cielo está alto y el aire fresco). Tras el tórrido estío, septiembre trae temperaturas suaves y menos humedad, un período de calma entre el verano y la fiesta nacional en la primera semana de octubre. Es un buen momento para pasear por los hútòng tradicionales, ver a ancianos en cuclillas en torno a una mesa, enfrascados en una partida de cartas o mah-jong, y explorar las verjas, salones y museos de la Ciudad Prohibida, la plaza de Tiananmén, el Palacio de Verano y numerosos templos y parques. El otoño es, además, ideal para visitar la Gran Muralla, cuando los arces exhiben su ardiente belleza otoñal; la concurrida Badaling es pintoresca, pero otros tramos de Mutianyu, Simatai y Huanghua son más tranquilos y también gratificantes. 

Para evitar el gentío, es mejor visitar la Gran Muralla en un día laborable. El Festival de Mediados de Otoño (hasta finales de septiembre) también se llena de turistas. 

4. Recorrer senderos y pueblos del Cáucaso en la hermosa Georgia

 

Georgia, Kakheti © Andrew Montgomery / Lonely Planet  Georgia, Kakheti © Andrew Montgomery / Lonely Planet

Oculta entre el mar Negro y el alto Cáucaso, al sur de Rusia y al norte de Turquía, Georgia es una tierra con atalayas de piedra que custodian frondosos valles y viejas iglesias bajo majestuosas cumbres; allí, según la leyenda, se creó el vino hace 7000 años. Las suaves sombras de septiembre marcan el inicio del otoño; en las tierras bajas ha cesado el agobiante estío, los tonos otoñales ya se extienden, y en la región oriental de Kakheti la vendimia es un reclamo para probar algunos de los mejores caldos del país. Una época perfecta para caminar por praderas de montaña entre antiguos monasterios y saborear después el buen vino de la región de Kakheti.

Se puede comenzar en Tiflis, con sus tradicionales casas abalconadas, custodiadas por la antigua fortaleza de Narikala. Luego, dirigirse al este hasta Kakheti para catar vinos, a las cumbres del Cáucaso en torno a Kazbegi para descubrir remotas iglesias, y al oeste a la región de Svaneti para recorrer los altos senderos entre pueblos vigilados por koshkebi (torres defensivas de piedra) medievales. Para finalizar, se baja hasta la antigua Colchis, donde según la mitología griega Jasón halló el vellocino de oro, y se vuelve a Tiflis pasando por el monasterio de Vardzia. 

Antes del viaje, conviene informarse bien sobre la situación actual de las regiones de Abjasia y Osetia del Sur, que han declarado la independencia. 

5. Disfrutar en la famosa Oktoberfest de Múnich

 

Alemania, Múnich, Oktoberfest © anandoart / Shutterstock Alemania, Múnich, Oktoberfest © anandoart / Shutterstock

Pese a su nombre, la famosa fiesta de la cerveza de Múnich arranca en septiembre. Dicen que es el mejor festival de cerveza del mundo, y es que en Baviera llevan 500 años venerando a una santísima trinidad alternativa: agua, cebada y lúpulo, únicos ingredientes permitidos en su elaboración, según la ley de pureza (Reinheitsgebot) adoptada en 1516 en este estado del sur del país. En septiembre, los adeptos peregrinan hasta las carpas del Theresienwiese, en Múnich, para beber, cantar, beber, bailar, beber... y consumir cada año más de siete millones de litros. De hecho, la Oktoberfest, el festival de la cerveza, arranca a mediados de septiembre y dura 16 días, hasta el primer domingo de octubre. Carros de caballos engalanados con vivos colores amenizan la ceremonia inaugural, seguida de un concierto nocturno de música tradicional y un gran desfile. Además, no faltan platos bávaros para acompañar la bebida, y actividades para alegrar a la familia. Se impone ponerse el dirndl o lederhosen, alzar una Maß (jarra de 1 l) y beber. 

Múnich se llena durante la Oktoberfest por lo que es imprescindible reservar transporte, alojamiento y una plaza en la carpa con mucha antelación. Para más información se puede .

6. Ver grandes mamíferos en una de las reservas de Kenia

 

Kenia, Parque Nacional Samburu © Miguel Sanz / Getty Images Kenia, Parque Nacional Samburu © Miguel Sanz / Getty Images

Al norte del monte Kenia se extienden la meseta de Laikipia y la Reserva Nacional de Samburu. El hecho de no ser muy conocida convierte esta zona de llanuras salpicadas de kopje (oteros) y colinas cubiertas de acacias en un área idílica. En el Masái Mara, en temporada alta (enero, febrero y junio-octubre), cada león puede estar rodeado de una docena de microbuses, pero en las del norte de Kenia, uno probablemente estará a solas con los animales y los pueblos masái y samburu. Es así sobre todo en septiembre, antes de las lluvias pero pasado el momento álgido de la temporada. Precios y turismo caen por igual, algo bueno para el bolsillo y para observar la fauna. Aun así, no se trata de una experiencia menor: además de los grandes mamíferos pueden verse especies amenazadas como el licaón y la cebra real. 

Las compañías nacionales vuelan a Lewa Downs y Samburu desde el aeropuerto de Wilson, en Nairobi. Por lo general, los precios de los lodges de safari incluyen casi todas las actividades de observación de fauna, comidas y bebidas, pero no los traslados a los aeródromos. 

7. Recorrer con calma los senferos del monte más alto de los Alpes

 

Francia, Chailloux, Chamonix, Mont Blanc © Elisa Locci / Shutterstock Francia, Chailloux, Chamonix, Mont Blanc © Elisa Locci / Shutterstock

El pico más alto de los Alpes es espectacular desde cualquier ángulo. ¿Por qué no verlo desde todos? La idea de rodear el Mont Blanc a pie no es nueva: en 1767 Horace Bénédict de Saussure partió con varios amigos para trazar el circuito, y desde la época victoriana es punto de referencia de los senderos alpinos, atrayendo a infinidad de excursionistas. Pero casi todos vienen en julio y agosto, por lo que en septiembre está despejado, los refugios y demás alojamientos ya no están llenos, y el clima es estable y cálido. Desde Les Houches (Francia), los senderistas caminan en sentido contrario a las agujas del reloj, recorriendo por Francia, Italia y Suiza los 169 km en 10-12 días. 

Ginebra es el aeropuerto más práctico, y hay autobuses a Les Houches varias veces al día. Hay también trenes desde París y Ginebra a St-Gervais-Les- Bains, desde donde se sale hasta Les Houches. 

8. Disfrutar del otoño visitando los iconos de la Gran Manzana

 

Nueva York nunca duerme, y ningún momento es malo para ir. La Gran Manzana siempre es cara, emocionante, activa y brillante; sus tiendas y museos cautivan haga el tiempo que haga. Pero el otoño resulta un alivio tras el pegajoso verano, y no hay que descartar algún que otro día cálido (10-20°C). Además, las hojas de los árboles están cambiando de color: se ven intensos tonos en Central Park, Fort Tyron Park y el Greenbelt de Staten Island. Al norte, el festín es total en las montañas de Adirondack o la región de los lagos Finger, que están en plena vendimia. Octubre es también un mes muy cómodo para apuntarse un circuito guiado a pie por Nueva York. La oferta temática es muy variada: desde recorrer Brooklyn en busca de provisiones o descubrir el legado gastronómico de Harlem, hasta las gárgolas de Manhattan o los fantasmas del Upper West Side. 

La ciudad exige al menos cinco días, y el norte del estado otros cinco; de Nueva York a Siracusa (para ver los lagos Finger) hay 5 horas en tren. Si no se dispone de tantos días, pasar 48 horas en Nueva York es suficiente para recorrer sus lugares más emblemáticos.

9. El Piamonte italiano es un destino fabuloso, desde las fachadas hasta los ‘funghi’

 

Italia, Piamonte © leoks / Shutterstock Italia, Piamonte © leoks / Shutterstock

Limitando con Francia y Suiza, la región noroeste del Piamonte, en Italia, se sitúa bajo los Alpes. No atrae a tantos visitantes como la Toscana, pero tiene una campiña igual de frondosa, pueblos de montaña y delicias gourmet. Esto resulta muy evidente en otoño, cuando abundan las setas silvestres, se recogen sus rojas uvas nebbiolo y arranca la temporada de trufas blancas, los funghi más caros del mundo. También destacan la excelente ternera, el arroz de Arborio y quesos como el Castelmagno, que se desmigaja. Alba, con su conjunto de torres medievales y barrocas y palacios renacentistas, ofrece espléndidos restaurantes y es divertida en octubre: tiene un festival de trufas y una versión con asnos de la selecta carrera de caballos del Palio de la cercana Asti. Otra opción es aventurarse en las boscosas colinas de Langhe y unirse a los buscadores de trufas, visitando pequeñas cantinas para probar los vinos regionales Barbaresco y Barolo. 

Lo mejor es volar hasta Turín, visitar sus museos e iglesias y poner rumbo al Piamonte rural. 

10. Acercarse al ciervo rojo y otras pequeñas criaturas en las Tierras Altas de Escocia

 

Escocia, Tierras Altas © Craig Easton / Lonely Planet Escocia, Tierras Altas © Craig Easton / Lonely Planet

Un remolino de neblina, páramos con reflejos rojizos y dorados a la luz del alba, el angustiado bramido de un ciervo buscando pelea... las mañanas de octubre en las Tierras Altas escocesas son de lo más pintorescas. Durante este mes los ciervos rojos machos están en celo, compitiendo con sus portentosas cornamentas para asegurar el control sobre las hembras. Además, toca a su fin la temporada turística (y de los mosquitos), y es buen momento para combinar los ciervos con un turismo más apacible: Stirling, el castillo de Eilean Donan, Glen Coe, Fort William. Un traguito ayuda a entrar en calor al final del día, antes de dar cuenta de los productos de octubre: langosta y cigalas escocesas, abundante faisán, urogallo y carnes de caza. 

Un buen plan es volar hasta Inverness y desde allí, hacer un circuito por el norte de Escocia, incluyendo safaris en zonas naturales, como las cañadas ocultas de Lochaber (cerca de Fort William) o las colinas en torno a Loch Torridon. 

¿Por qué hay que viajar en otoño?

 

Viajar en otoño permite descubrir la belleza del paisaje otoñal de Vermont o de los viñedos de la Provenza, admirar la Gran Muralla sin el calor del verano o recorrer con calma las iglesias de Georgia. También se puede disfrutar de la Oktoberfest de Múnich, las grandes reservas de mamíferos de Kenia o los senderos, libres todavía de nieve, de los Alpes. Por otra parte, Nueva York, el Piamonte italiano o las Tierras Altas de Escocia también ofrecen apetecibles planes otoñales. ¿Se necesitan más razones?

Más ideas para viajar en cualquier estación del año en la nueva guía de Lonely Planet y geoPlaneta: Adónde y cuándo.

Categoría: SELECCIÓN LONELY PLANET

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