Explorando el Parque Nacional de Komodo en Indonesia

Texto por
Tom Spurling, autor de Lonely Planet
Dragón del Parque Nacional de Komodo, Indonesia
Anna_Kucherova_Shutterstock

Aventuras en el parque para disfrutar de grandes experiencias

¿Los cangrejos de la Isla de Navidad? ¿Los adorables quokkas de Rottnest? Puede que no exista ningún otro lugar en el mundo tan sinónimo de los animales que lo habitan como el Parque Nacional de Komodo de Indonesia.

Indonesia

 

El Parque Nacional de Komodo, un archipiélago de 603 km2, forma parte de las Islas Menores de la Sonda, repartidas entre las provincias Nusa Tenggara Oriental y Nusa Tenggara Occidental. Allí vive el magnífico dragón de Komodo –un enorme reptil de hasta 3 m de longitud–, entre islas paradisíacas rodeadas de un mar azul brillante.


Islas para perderse

 

El formidable dragón de Komodo puede oler sangre a kilómetros de distancia, Parque Nacional de Komodo, Indonesia © Setiono Joko Purwanto / Getty Images El formidable dragón de Komodo puede oler sangre a kilómetros de distancia, Parque Nacional de Komodo, Indonesia © Setiono Joko Purwanto / Getty Images

Ver a este famoso dragón es solo una de las grandes experiencias que ofrece este parque, cuyos visitantes también pueden disfrutar de rica vida marina, maravillosas (y asequibles) rutas senderistas por los bosques, y prístinas playas donde nadar, con arena de curiosos colores.

 

​​​​​​​La única forma de llegar al Parque Nacional Komodo es en barco, Indonesia © Arwin Adityavarna / Shutterstock ​​​​​​​La única forma de llegar al Parque Nacional Komodo es en barco, Indonesia © Arwin Adityavarna / Shutterstock

Llegar al parque a lo grande

La pequeña localidad de Labuanbajo, en la isla grande de Flores, no forma parte del parque pero funciona como acceso principal, ya que es el punto desde donde zarpan todos los barcos y uno de los núcleos de transporte más bellos del mundo: un pueblo pescador que mantiene a raya la explotación urbanística y ofrece épicas puestas de sol y un ambiente tropical destartalado a quienes pasan por allí.

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Algunas de las actividades más destacadas son comer langosta fresca (por unas pocas rupias) en el mercado nocturno, practicar buceo con tubo y nadar en lugares preciosos, y –si el luminoso paisaje costero deslumbra demasiado– disfrutar de una apacible ruta senderista por aldeas rurales y terrenos agrícolas hasta las pozas azul pálido de la cascada Cunca, oculta en el interior de la isla.

 

El parque nacional bajo el agua

Al Parque Nacional Komodo solo se puede acceder por medio de un viaje en barco organizado desde Labuanbajo. Algunos operadores dicen que es posible verlo ‘todo’ en un día, pero resulta más gratificante, relajante y responsable alargar la aventura pasando un par de noches a bordo de un barco-casa viejo pero resistente. Un viaje por esta reserva protegida por la Unesco en compañía de tripulación local experta no solo aporta autenticidad a la aventura; además, beneficia directamente a la comunidad y la economía locales.

 

Las mantarrayas son unas de las muchas criaturas marinas que viven en el Parque Nacional de Komodo, Indonesia © sergemi / Shutterstock Las mantarrayas son unas de las muchas criaturas marinas que viven en el Parque Nacional de Komodo, Indonesia © sergemi / Shutterstock

Este tipo de visita también ofrece más libertad para pasar tiempo en el agua. Puede que el parque lleve el nombre de sus famosos habitantes terrestres, pero la vida marina del mismo es igual de fascinante. La profundidad rara vez supera los 3 m, y es fácil sumergirse entre enormes bancos de peces de colores que aparecen como cristales de colores brillando entre las aguas translúcidas.


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Manta Point hace honor a su nombre: está casi garantizado que los buceadores verán mantarrayas sobrevolando el lecho marino. De hecho, son dos los sitios conocidos como Manta Point, pero ambos tienen corrientes suaves parecidas y muy buena visibilidad. Los enclaves más populares, como Batu Balong y la Caldera, exigen un alto nivel de experiencia para vencer a los remolinos, pero Castle Rock permite una inmersión más manejable, con una serie de salientes donde es posible ver tiburones de arrecife blancos y negros, enormes jureles gigantes y quizá un par de delfines. Bellas tortugas verdes y carey frecuentan también estas aguas; es fácil que al menos un par pasen cerca del buceador en algún momento.

 

Es importante destacar que el agua se mueve mucho entre las islas, y que hay que ser muy buen nadador de aguas abiertas y un experto buceador con tubo para sentirse seguro del todo. Un buen capitán aprovecha la corriente para navegar, por lo cual siempre hay que estar a punto para zarpar en cuestión de minutos.

 

La isla de Padar ofrece algunas de las vistas más bellas de todo el Parque Nacional de Komodo, Indonesia © Kongkrit Sukying / Getty Images La isla de Padar ofrece algunas de las vistas más bellas de todo el Parque Nacional de Komodo, Indonesia © Kongkrit Sukying / Getty Images

Las otras islas del parque

Mucha gente que visita el parque no va a la isla de Komodo, sobre todo si tienen poco tiempo, y en su lugar visitan la isla de Rinca, donde también es posible ver dragones (y algo más fácil, dado el paisaje yermo de la misma) mientras se va de excursión por la isla. Otros animales que se pueden ver son el búfalo, el ciervo de Timor, el jabalí y el águila. Conviene ir bien preparado con abundante agua y protección solar, porque enseguida hace calor.

 

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La isla más popular para los fans del senderismo es Padar, pequeña y estrecha, situada junto a Komodo. Ofrece una maravillosa ruta de dos horas hasta un espectacular mirador que regala una de las mejores vistas panorámicas de todo el parque. Padar también cuenta con la bella Pink Beach, una playa de arena rosa. El efecto, que puede verse en algunas otras playas del parque, se debe a un tipo de coral rojo que crece en la orilla y ‘mancha’ la arena, otrora blanca y brillante.

 

Pequeña y menos conocida, la isla de Kalong ofrece una de las muestras de vida salvaje más inquietantes del parque. Cuando se pone el sol, ‘Bat Island’ (la ‘isla de los murciélagos’), como se la conoce en inglés, se ve envuelta por grandes nubes de estas criaturas nocturnas que se alzan sobre los manglares en busca de alimento. Es todo un espectáculo natural que tipifica la tremenda experiencia que supone visitar el Parque Nacional Komodo.

 

No hay nada comparable a ver dragones de Komodo en la isla del mismo nombre, Indonesia © Gudkov Andrey / Shutterstock No hay nada comparable a ver dragones de Komodo en la isla del mismo nombre, Indonesia © Gudkov Andrey / Shutterstock

La guarida del dragón de Komodo

La isla de Komodo es un gran destino faunístico. En ella viven unas 25 especies amenazadas, además de miles de aves migratorias que anidan entre el espeso follaje bajo el monte Satalibo.

 

Y, claro está, en ella también viven los famosos dragones. Ver a una de estas bestias es una experiencia inolvidable para los entusiastas de la naturaleza, pero poder verla en su propia isla es todavía mejor.

 

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Conocido como ‘ora’ por los 2000 pescadores bugis musulmanes locales, este prehistórico reptil es, prácticamente, el rey del terreno. Como los lugareños no se comen a los ubicuos cerdos de Timor –la base de la alimentación del dragón, además de ciervos y búfalos de agua–, el colosal reptil ha proliferado a sus anchas. También ayuda que el dragón de Komodo está consagrado por el folclore antiguo, donde una vieja leyenda cuenta que un hombre se enamoró de una princesa dragón, y que de su unión nacieron dos gemelos: un niño humano y una dragona de Komodo. La historia describe a los animales y a los humanos nativos de la isla como almas gemelas que deben vivir en armonía; y así es. El hecho que el gobierno indonesio prohibiera su caza en 1915 también ha contribuido a la supervivencia del animal.

 

Un dragón de Komodo, el reptil más grande del mundo, que puede alcanzar los 3 m de longitud, Parque Nacional de Komodo, Indonesia © Guenter Guni / Getty Images Un dragón de Komodo, el reptil más grande del mundo, que puede alcanzar los 3 m de longitud, Parque Nacional de Komodo, Indonesia © Guenter Guni / Getty Images

Los dragones de la isla de Komodo no son tan fáciles de ver como los de la isla de Rinca, aunque son más grandes y abundantes; pero en una excursión guiada –y las excursiones deben ser siempre con guías– no se tarda mucho en avistar alguno de estos animales enormes, sobre todo a primera hora de la mañana, cuando se mueven por su hábitat natural con total confianza. Al mediodía suelen descansar en pequeños grupos a la sombra del bosque o en sus madrigueras. A 10 m de distancia ya es posible admirar el origen prehistórico de estos animales, con su gruesa piel escamada y su imponente y robusta cola.

 

Una advertencia: lo dragones pueden oler la sangre a kilómetros de distancia, así que hay que tener cuidado con lo que se lleva en la mochila y limpiar bien cualquier herida antes de salir a buscarlos. Su mordedura es feroz, y se han dado casos en los que asustan e incluso atacan a los viajeros descuidados. Hay que mantener el sentido común.

 

¿Seguro que eres un viajero responsable? © SergeUWPhoto / Shutterstock ¿Seguro que eres un viajero responsable? © SergeUWPhoto / Shutterstock

Turismo sostenible en Indonesia

El Parque Nacional de Komodo es un ejemplo vivo de los beneficios del turismo sostenible. La fauna del lugar prolifera gracias a la política progresista de su equipo directivo y a la conciencia de las comunidades locales por proteger y nutrir lo que es su sustento.


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Sin embargo, el número de turistas va al alza –en Labuanbajo empiezan a preocuparse–, por lo que es vital ser consciente de cómo nuestra visita impacta en el entorno y la economía locales. Hay que alojarse en barcos-casa, evitar el uso de plástico, contratar guías locales y respetar la gran biodiversidad de este antiquísimo lugar (al fin y al cabo, el turismo puede ser algo muy positivo).

 

Si no cuidamos nuestro impacto, el dragón de Komodo acabará existiendo solo en nuestra imaginación, como su mítico pariente que escupía fuego.

 

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